domingo, 8 de octubre de 2017

No me interesa edificarte

La sanguijuela tiene dos hijas, que dicen: ¡Dame! ¡Dame! (...)
- Proverbios 30:15

Creyentes "millennials"

En Latinoamérica las iglesias evangélicas/protestantes comenzaron a posicionarse en los sectores industriales pues las primeras relaciones que tuvo el continente con creyentes provenientes de las tradiciones derivadas de la Reforma del siglo XVI, fueron comerciales y empresariales, con joyeros luteranos, ferrocarrileros metodistas, médicos presbiterianos, profesores bautistas, entre otros [1].

Para el siglo XX las variantes pentecostales fueron atrayendo a la Base de la Pirámide o clases bajas mediante discursos de superación social: don de lenguas en lugar de alfabetización, sanidad en lugar de seguridad social, don de profecía en lugar de orientación vocacional y de vida [2]. Mientras tanto, las versiones magisteriales del protestantismo se colocaban ilustradas y orgullosas en las clases medias, promoviendo la educación, la cultura, el american way of life como forma de diferenciación ética [3] al más puro estilo de Max Weber, para quien los protestantes se caracterizan por el trabajo, la frugalidad y el ahorro como forma de agradar a la divinidad y confirmar la seguridad de su salvación (certitudo salutis[4]

La emergencia de las teologías de la prosperidad, que por más que se les estigmatice como "neopentecostales" tienen orígen en el protestantismo histórico, incluyendo la ideología del ahora declarado presbiteriano Donald Trump, pero quien comenzó como metodista, avanzaron también sobre discursos de éxito, superación y diferenciación. Trump fue aleccionado por su pastor Norman Vincent Peale quien prodigaba la filosofía de "El poder del pensamiento positivo" (1952).  

De este modo, y acorde con los procesos ideológicos que sustentan la política económica del capitalismo tardío, las iglesias evangélicas/protestantes utilizan hasta la fecha, como principal argumento de convencimiento la superación personal, o dicho en términos eclesiásticos, la "edificación". 

Las siguientes frases son comunes los domingos al terminar el culto: 

"El sermón de hoy no fue edificante". 
"Pastor, ¡su mensaje me ministró".
"Esta alabanza siempre me edifica". 
"Vengo al culto para ser restaurado por Dios".
"Desde que ya no me da gozo la Escuela Dominical, no asisto". 



Estas y expresiones semejantes se evocan por creyentes/clientes que esperan recibir una transformación subjetiva de carácter inmediato al asistir al culto, orar, leer la Biblia o cualquier otro acto de disciplina espiritual. Hoy la queja es de que los jóvenes que tienen entre 18 y 36 años, llamados Millennials, solo buscan el hedonismo y la inmediatez. Pues bien, los creyentes evangélicos llevan décadas siendo "millennials espirituales" al estar obsesionados por la edificación en cada culto y actividad religiosa (que para ellos ni es "religiosa", sino "vital", "relación con Dios"...). 

La felicidad como fin 

Hoy en día existen rankings de felicidad, así es, coeficientes que determinan qué tan feliz es una persona, una organización y hasta un país. Estar triste e inconforme es el pecado capitalista por excelencia. Se señala que esta nueva felicidad es más bien una forma de bienestar, porque incluye factores sociales, de salud y seguridad, pero el uso de la palabra "felicidad" para englobar estos rubros no es inocente, pues lo que se trata de mostrar es que la situación social que se vive puede adecuarse en términos de un estado anímico que debe normalizarse como autoritativo. Si eres suizo, por ejemplo, parecería estúpido que te sintieras desdichado. Si tu país es el número 13 en el ranking de felicidad, no debes estarte quejando, no estás tan mal. Así, una evaluación estándar heterónoma pretende decidir sobre la situación del sujeto. 

Esta obsesión actual por la felicidad tiene su correlato teológico en las iglesias evangélicas que, a toda costa, buscan producir creyentes satisfechos o edificados. Se trata de una cadena de complicidad que, de hecho, funciona muy bien como estrategia de "engagement" o compromiso/lealtad del consumidor con una marca, o bien, de un creyente con su templo. La iglesia se presenta como una proveedora de satisfacción espiritual, los creyentes asumen que eso es su iglesia, y sobre esa mutua ilusión ambas partes buscan siempre más una de la otra: tiempo, diezmo, liderazgo, de parte de la iglesia; buen culto, mensajes ad hoc, eventos y "acompañamiento" por parte del feligrés. 


La paradoja de la edificación: humillación y paternalismo 

No soy yo quién para meterme en relaciones ajenas, pero desde la perspectiva teológica no puedo dejar de notar que este imperio de la edificación de ideología capitalista-productiva llega a desorientar a las iglesias sobre perspectivas más amplias: de carácter comunitario, de asistencia y apoyo a sectores no-edificados y que, de hecho, no quieren serlo. Y más aún, esta ideología de la edificación tiene resultados contradictorios, pues en lugar de empoderar al sujeto termina por denigrarlo. 

¿Cómo mantener la promesa (claim) de edificación a largo plazo?, ¿cómo mantener la lealtad de un creyente por más de diez años si cada domingo debe edificárseles más y más?, o como canta Marcos Vidal, ¿cómo hablar de nueva vida en Jesús, si están llenos de vida, de fuerza y de salud?. También los intelectuales orgánicos del evangelicalismo hispano como el pro-creacionista Antonio Cruz subtituló su famoso libro sobre "Posmodernidad" como "El Evangelio ante el desafío del bienestar".


¿Quién irá?, Marcos Vidal. Album "Nada especial", 1994


Como el novio que desea que su pareja se sienta con baja autoestima, miserable, fea, y con poco valor con la finalidad de siempre tenerla sujeta a su voluntad, así muchas iglesias evangélicas, bajo el argumento de la edificación, maltratan psicológicamente a su feligresía para hacerles ver que aún no están lo suficientemente edificadas, que deben mostrar más lealtad y compromiso para alcanzarla y no "caer en manos del enemigo". 

El principal temor de muchas iglesias evangélicas es que los creyentes sean demasiado felices o la pasen demasiado bien, pues entonces se alejarán de sus filas por irse con el mundo, tras el placer y la diversión, en lugar de la contricción, aburrimiento y quebrantamiento que los mantiene fieles y buscando el tipo de edificación que el mundo no da. 

Este es un proceso muy conocido en ciencias sociales. Pierre Bourdieu le llamaba habitus [5] que es un pensamiento y comportamiento de clase asumido como normativo, o bien, dicho en términos más coloquiales cuando el deseo se vuelve obligatorio. La felicidad y la edificación, que debiera ser algo que el sujeto anhele y obtenga autónomamente, se convierte en una obligación que solo se puede acometer consumiendo los bienes simbólicos y materiales que prodigan los productores de este bienestar: gobiernos, marcas o, en este caso, iglesias. 

Mi teología no es para tu edificación 

Cada persona debe lograr asumir una conciencia-de-sí que le permita tomar las riendas de su propia vida. "Ten el valor de usar tu propia razón" decía Kant, los creyentes deben tener el valor de usar su propia fe. Cada quien debe elegir, obtener y utilizar las mercancías, discursos, estados anímicos que les satisfagan, edifiquen y hagan felices. Tampoco soy ingenuo, pues la felicidad y la edificación sí que dependen de cuestiones materiales, de hecho algunas son tan necesarias (como el agua, el salario digno, la inclusión social) que se debe salir a las calles en movilizaciones colectivas para exigirlas. 

Pero un sermón, una clase de Escuela Dominical, un boletín, o toda reflexión teológica no debieran tener por norte la búsqueda de la edificación de las personas. En primer lugar, porque a menos que se esté en una situación de franca manipulación, no se puede saber con exactitud qué edificará o no a alguien, y en segundo lugar, porque hay muchas cosas en teología que sencillamente no son edificantes. 

Las denuncias de casos de pederastia por parte no solo de clérigos católicos, sino también por pastores y ministros evangélicos, concientizar sobre la discriminación sexual y de género que hoy la mayoría de las iglesias siguen promoviendo solapadas por discursos pseudo-teológicos literalistas, el llamado a la inconformidad social para denunicar proféticamente el racismo, las malas condiciones laborales, los engaños políticos, no son edificantes, dan coraje, crean polémica, son difíciles de tratar. Pero bajo la ideología de la edificación, el solo buscar sentirse bien en el culto, se invisibiliza estos temas, y a las personas que padecen por ellos. 

Particularmente esta blog no busca tu edificación ni que te sientas bien en cada entrada, tampoco es de mi interés "edificar la fe" en cada sermón, estudio o conferencia eclesiástica que doy. En muchos sentidos lo que hoy hace falta no es edificar la fe, sino deconstruirla, no es fomentar la credulidad, sino impulsar la duda y la inconformidad. El Evangelio (valiéndome de esta metonomia que funciona como entelequia) ha de avanzar sobre la desestructuración, haciendose desde los escombros de la existencia material y espiritual, no edificando, sino derribando, re-construyendo, trabajando colectivamente para buscar sí un mundo mejor, pero no un mundo ilusorio donde un "Coeficiente de Felicidad" o un "calor en el pecho mientras cantaba" nos hagan pensar que ya entramos al Reino de Dios, cuando se trata de seguir luchando por él. 


REFERENCIAS

[1] BASTIAN, Jean-Pierre, Protestantismos y modernidad latinoamericana. Historia de unas minorías religiosas activas en América Latina, Fondo de Cultura Económica, México, 1994.

[2] GARMA Navarro, Carlos, Buscando el Espíritu. Pentecostalismo en Iztapalapa y la ciudad de México, Plaza y Valdéz/UAM-I, México, 2004. 

[3] MONDRAGÓN, Carlos, Leudar la masa : el pensamiento social de los protestantes en América Latina, 1920-1950, Buenos Aires, Kairós, 2005.

[4] WEBER, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México, La Red de Jonás, 7ª. Ed., 1988. 

[5] BOURDIEU, Pierre, La distinción. Criterios y bases sociales del buen gusto, Taurus, Madrid, 1979.


sábado, 17 de junio de 2017

Cristomarginalidad

Cristo no es el centro
Cristo es el margen
la periferia humillada
el cinturón urbano de pobreza
la comunidad marginada
explotada
devastada
olvidada
Cristo al centro deja de ser Cristo
desaparece cooptado por el capital
por la oficialidad
y medios de comunicación
cotiza en la bolsa
en lugar de llenar de pan las bolsas
aparece en horario "prime time"
en lugar del momento sacramental
posiciona su marca
en vez de dejar marca en las vidas
Ser cristocéntrico es anular a Cristo
es estar en complicidad
con los dominantes y poderosos
que oprimen y acaparan
Cristo vive en los márgenes
con los pobres, los dolidos
lejos de la ortodoxia fría
en el corazón de la blasfemia sincera
No seas cristocéntrico
alejate de la tentación
del control
del poder
de la norma
vive a Cristo en el límite
de la vida y la muerte
de la cotidiana faena
comparte la mesa y el pan
a las afueras de la ciudad
lejos de la comodidad citadina
pero cerca de la sinceridad
del necesitado.

viernes, 3 de febrero de 2017

Dios sabe feo






Dios sabe feo. Se lo decía a mi mamá desde niño. Le ponía azúcar o lo salaba demasiado para ocultar su feo sabor pero era inútil.

No importa si me lo preparaban con o sin víceras, con o sin hueso, con o sin pellejo, Dios siempre me supo igual de feo.

Una vez quise ver cómo se cocinaba a Dios y entré en la cocina con mi abuela. Ella había transmitido la receta a mi mamá y mis tías. A su vez, ella la recibió de su abuela (mi bisabuela murió al dar a luz a mi abuela).

Mi abuela me enseñó primero a atrapar a Dios, es escurridizo cuando sabe que será cocinado, su piel babosa dificulta tomarlo entre los dedos. Una vez sujetado hay que matarlo quebrándole su divina cabeza y escurrirle los sesos. Ya muerto Dios se vierte en una olla con agua hirviéndo. Confieso que es repugnante ver ese sagrado cuerpo retorcerse de forma tan vulgar aún ya muerto.

Se añaden papas, cebollas, jitomate y unas cucharaditas de sal. Dios debe hervir por completo. A los diez minutos de estar en el agua se pone pálido, pálido. Entonces se saca de ahí, se parte en tres pedazos (obviamente) y se rellena de queso. Acompáñese con aderezo y lechuga.

Dios sabe feo se prepare como se prepare. Pero mis tíos, y los vecinos del 9 lo siguen comiendo. Yo preferí dejar de comerlo a los 10 años, y no puedo dejar de sentir un tanto de asco cada que paso frente a un puesto callejero y leo "Dios asado para llevar", "Se prepara Dios con estofado", "Dios crudo".

Paso de largo, prefiero seguir en inanición divina. Además comer Dios produce gases y reflujo.

miércoles, 25 de enero de 2017

Quien no conoce la historia, está condenado a temerle a Trump

La decisión súbita de usar fondos federales para empezar a construir el muro por parte de Donald Trump habla de una profunda desesperación de su parte. Se ha hablado de “los primeros 100 días” de su mandato como definitorios de su gestión, y lo sabe.

Trump es un presidente que, parece seguir en campaña, cuyo principal poder proviene de cómo los medios inflan sus decisiones, así como sus mortíferos tuits con los que paraliza al mundo.

Sin desestimar el daño real que causa y podrá causar este presidente en temas económicos, de DDHH, respecto de derechos de la mujer y personas LGBTI, sobre la pluralidad religiosa, el avance de la ciencia… es indispensable no analizar estas acciones sincrónicamente, como si salieran ex nihilo de su propio poder (que es justo lo que pretende), sino diacrónicamente, una perspectiva amplia e histórica.

Ofrezco, por tanto, solo algunas notas respecto de sus primeras decisiones que no dejan de causar un “break news” por doquier:

  • Reactivación de la “Mexico City Policy” que prohíbe que ONG internacionales que ayudan a la realización de abortos y difunden información sobre derechos reproductivos de las mujeres puedan recibir financiamiento de dinero federal. Un golpe, sin duda, en particular para mujeres vulnerables de países pobres. Ahora bien, esta política se inicia con el republicano Ronald Reagan y mantenida por George Bush padre; con el demócrata Bill Clinton se suspende; con el republicano George Bush hijo se vuelve a activar. Durante las gestiones del demócrata Obama la política se desactivo y ahora, evidentemente, con el republicano Donald Trump se vuelve a activar. No es por tanto un mero “efecto Trump”, sino parte del juego de poder que mantiene en vaivén los derechos reproductivos de las mujeres. 
  • Desaparición de secciones LGBT y sitio en español de la Casa Blanca. Esto, que sin duda, tiene un peso simbólico de relevancia, es parte de la re-estructura de la página bajo la nueva administración. Lo referente al tema LGBT sigue dentro del sitio de la Casa Blanca, solo reubicado. Del sitio en español ya se ha confirmado que regresará, solo que ahora no es prioridad. Es curioso ver cómo estos gestos, por lo demás, nada atipicos en un sitio web gubernamental que cambia de gestión, causó revuelo y pánico. 
  • Rechazo de un cargamento de aguacates provenientes de Jalisco. No fue una aplicación de medidas proteccionista que revele que Trump está “cumpliendo” sus promesas. El rechazo se trató de negociaciones comerciales bilaterales en donde Estados Unidos no quedó conforme porque SAGARPA no pudo garantizar el ingreso de papa al vecino país “en consecuencia, los norteamericanos dijeron: pues tampoco ingresa el aguacate”. Luego, entonces fue algo meramente comercial, no mano de Trump. 

Trump es un monstruo con pecho de hierro mediático, pero con pies políticos de barro. Es muy importante que en lo que resta de los famosos “100 días”, donde lo veremos firmar cuanta cosa se le ocurra, tengamos una mirada informada e histórica. El día 101, cuando ya su muñeca esté cansada de autocomplacerse tras la firma de tantos decretos, comenzará su resaca.

¿Qué esperar en los próximos días?

  • Tuiits de Trump alardeando medidas inéditas. 
  • Fotos de Trump firmando cosas, rodeado de su patriarcal séquito. 
Estos mecanismos (“dispositivos tecnológicos” de poder en sentido foucaltiano) son su principal alimento.

Los golpes que dará en los próximos días, y ante los que se debe estar atentos y repudiarlos cuando ocurran, pero que no salen de la nada, sino que fueron advertidos en su campaña y son parte de una política republicana coherente son:

  • Ataques a ONG y fundaciones pro-choice (practicantes de abortos legales) en Estados Unidos. Quizá comenzando con Planned Parenthood. 
  • Retiro de apoyo federal hacia las personas LGBT. Bloqueos a marcas gay-friendly u otro recurso económico de castigo. 
  • Algunas deportaciones simbólicas como “evidencia” de las que vienen (recuérdese que Obama deporto 3 Millones de migrantes). 
  • Acciones xenófobas y racistas, ante las cuales Trump tendrá que intervenir para apaciguarlas. 

Ante estas cosas debemos conservar la calma, perdurar la indignación y, en lo que nos competa, realizar acciones de repudio a las medidas presidenciales y apoyo a los afectados.

Pero, reitero, no, Donald Trump no es el hombre todopoderoso que ha venido a inaugurar una “nueva era”. Es políticamente débil y sabe que su alcance como presidente está comprometido con los decretos, desplantes y capital simbólico que pueda juntar en estos días.

La única nueva era de Trump es la que está en sus libros de teología de la prosperidad, 
a los que tan asiduo es de leer y escribir.



martes, 10 de enero de 2017

¿Quién los viera juntos?


Paradojas sociales de evangélicos y católicos ante la diversidad sexual.[1]

Texto presentado en el “Foro Iglesias y Estado Laico”, Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, México, 19 de octubre de 2016.


1. Los hombres de hoy en neo-victimización

Los hombres de hoy emiten quejas constantes sobre cómo vivimos discriminados, marginados, que todos se preocupan por el asesinato de mujeres, pero nadie piensa en los asesinatos de hombres, que los dados jurídicos, políticos y sociales están cargados a favor de las mujeres. Que el feminismo es una “ideología” de segregación porque desde el nombre “feminismo” ya se muestra que la preocupación está exclusivamente en un solo género, que debería llamarse igualismo (sic) (decir esto último es como afirmar que la tierra es plana, porque donde vivimos se llama planeta, ¡si la tierra fuera redonda, se llamaría redondeta!).

A este fenómeno de hombres lamentándose por lo mal que la sociedad les trata en comparación con las mujeres, le llamo “neo-victimización masculina”: Cuando los hombres comienzan a cuestionarse sobre la especificidad de su género al percatarse que existe una preocupación generalizada hacia el trato que las mujeres reciben y entonces, en un acto de imitación, reclaman que están siendo sub-atendidos.

Para René Girard,[2] el origen de la violencia se da en el acto de la imitación (mimesis). El imitar gestos, conductas, palabras y deseos es característico de los seres humanos. A este impulso de imitación de los bienes, habilidades o circunstancias del Otro que deviene en acciones violentas para extinguirlo, Girard le llama deseo.

El hombre – afirma Girard - es una criatura que ha perdido parte de su instinto animal a cambio de obtener eso que se llama deseo. Saciadas sus necesidades naturales, los hombres desean intensamente, pero sin saber con certeza qué, pues carecen de un instinto que los guíe. No tienen deseo propio. Lo propio del deseo es que no es propio. Para desear verdaderamente, tenemos que recurrir a los hombres – o mujeres - que nos rodean, tenemos que recibir prestados sus deseos. (Citado en Burbano, 2003: 25).

La neo-victimización masculina es, en realidad, una para-victimización: la manifestación subjetiva del deseo masculino por llamar la atención de las fuerzas sociales a fin de que se mantengan intactos sus privilegios de género asumiéndose como victimas al buscar medirse con el mismo baremo de violencia que se aplica al analizar los riesgos de las mujeres: Asesinatos, violaciones, agresiones laborales, ataques en lugares públicos, y suponiendo que, en estos rubros, existe igual o mayor desventaja para los hombres que para las mujeres. Por lo tanto, las actitudes machistas violentas están plenamente justificadas porque son un acto de protección masculina.

Lo que esta neo-victimización o para-victimización masculina pierde de vista es que no se está hablando solo de un número mayor de casos de agresión hacia mujeres, sino de la existencia de una violencia diferenciada hacia ellas.

Los hombres de hoy que se suman a esta neo-victimización se quejan de que las mujeres no aportan lo mismo económicamente en la casa, que ellos tienen siempre que cargar las cosas pesadas, que, si se enferman, nadie los cuida, que también desean que las mujeres les rueguen, los traten con cariño, los hombres de hoy quieren también poderse sentir bellos y que les regalen flores… los hombres de hoy.

¿Qué está pasando?

George Yudice analizando grupos de discusión de hombres blancos anglosajones y heterosexuales encontró que ellos deseaban ser progresistas, es decir, estar en contra de la guerra, la violencia, el sexismo y el racismo, al mismo tiempo que formaban parte de un movimiento pro-masculinidad, pero por las “responsabilidades” que penden sobre ellos estos hombres sufren ansiedad, se suicidan, se sienten oprimidos tanto por la estructura política como por los movimientos que niegan su derecho a ejercer poder y ciudadanía por el hecho de ser hombres “privilegiados” que sólo se encargarían de reproducir la dominación masculina. Esto provocaba que se sintieran presos de una especie de sexismo “matriarcal” al notar el contraste entre lo que se supone debían ser: hombres dominadores, y lo que realmente eran: hombres subalternos.[3]

En realidad, los hombres no debieran estar ofendidos o sentirse discriminados por las mujeres, sino con la estructura sociopolítica que nos mantiene en subalternidad. La neo-victimización es manifestación de masculinidades subalternas que, concientizándose de su vulnerabilidad material y social, encuentran en las mujeres el chivo expiatorio de la violencia estructural que padecen, en lugar de cerrar filas comunitarias junto con la Otredad femenina para hacer frente a la desigualdad social.


2. Las iglesias hoy en asociación segmentaria

Dentro del escenario religioso la situación también presenta diversas paradojas.

Desde muchos púlpitos evangélicos se desconoce que los católicos también son cristianos y se les trata de paganos, idólatras, desconocedores de Jesucristo y de la Biblia.  Como menciona el antropólogo Carlos Garma, dado este choque cultural, para los evangélicos el católico tiene una masculinidad defectuosa, pues es “alcohólico y violento, idolatra y fiestero”,[4] con quien la cándida joven cristiana no debe casarse para no caer en el temido “yugo desigual con los incrédulos”. A su vez, para los católicos, los evangélicos son traidores a las costumbres, apóstatas, sectarios. Es claro que dadas estas representaciones entre católicos y evangélicos el diálogo es imposible.

Todo lo anterior era completamente cierto, ¡hasta hace unos pocos meses! Los pasados 10 y 24 de septiembre una gran cantidad de evangélicos se unieron en abrazo fraterno con sus hermanos católicos para marchar juntos en pro de una misma causa, mostrando lazos de diálogo y solidaridad, alzando juntos las manos como parte de un mismo pueblo, y con una misma voz... y hubiera sido una escena maravillosa de ecumenismo, excepto por el ignominioso hecho de que estaban marchando para exigir que se restringieran los derechos de las personas de la comunidad LGBTTI, muchas de ellas hermanas en la fe.



Como ver al Capitán América aliado con el Soldado del Invierno, a Batman haciendo mancuerna con el Joker, ¡Piolín ayudando a Silvestre!, fue la paradoja registrada en los últimos meses donde hemos sido testigos de una impúdica manifestación pública y masiva de yugo desigual entre evangélicos y católicos.

Saquemos el veneno, preparemos el oráculo, atrapemos al pollo, invoco al espíritu de Evans-Pritchard a manifestarse para que nos explique, ¿qué rayos está pasando?[5]

A diferencia de la filosofía trascendental de Kant, Evans-Pritchard no concibe al tiempo y al espacio como categorías mentales a priori y absolutas, sino como construcciones estructurales socialmente determinadas por las actividades realizadas por los individuos a las que llama “unidades ocupacionales” (Evans-Pritchard: 119), las cuales se tabulan en cómputos temporales espacialmente referidos, dependiendo de “el grupo de personas que los use: familia extensa compacta, aldea, sección tribal, etc.”[6]

Esta resemantización de los hechos positivos del tiempo ecológico y espacio geográfico, transformados en tiempo social y territorio, respectivamente, se mide a través de la “distancia estructural”, que es el grado de acercamiento o lejanía de los miembros de los grupos sociales en referencia a los valores comunitarios.[7] Esta distancia no es geográfica, pero tampoco determinada por la homogeneidad cultural de los individuos, sino por el sentimiento de comunidad acentuado sobre todo en los periodos de guerra y los climas agrestes; la cercanía o lejanía estructural depende de la asociación con el sistema de clan de dos grupos.

Ya Durkheim hablaba de “distancia moral”.[8] Esta distancia moral se incrementa en relación directamente proporcional a las subdivisiones del grupo social (fratrías y clanes), lo que indica mayor o menor cohesión. Para Evans-Pritchard la distancia estructural puede ser política, de linajes y de grupos de parentesco.[9] Añadimos nosotros, también religiosa.  

Así, aunque una aldea nuer esté más cerca geográficamente de una aldea dinka, no por eso tiene menor distancia estructural que con otra aldea nuer de una sección primaria.

“Yo contra mi hermano, yo y mi hermano contra el enemigo” … dependiendo de la asociación en el sistema, en este caso religioso, es la distancia entre dos personas de diferente confesión de fe. Un evangélico y un católico discutiendo sobre la Vírgen de Guadalupe, se encuentran estructuralmente muy distanciados y corren el riesgo de terminar muy mal la velada, pero al hablar sobre los homosexuales, es decir, al modificar, en la interacción discursiva el tema de asociación, la distancia se acorta y se encuentran muy de acuerdo.

Las marchas del Frente Nacional por la Familia que convocó a católicos y evangélicos en contra de las personas homosexuales es un caso de modificación de la distancia estructural entre estos dos grupos a partir del nivel de asociación: pasar de lo doctrinal al género.

Un papá evangélico de la ciudad de México, por sus valores y sentimiento de comunidad, está más cerca de un idólatra católico de Guadalajara que sale a marchar para que los gays no adopten, que de su hijo homosexual que duerme en la habitación de al lado… yo evangélico contra el católico, yo y el católico contra el homosexual. 

3. Somatización y pensamiento analógico

Si le preguntamos a Norberto Rivera y a la mayoría de católicos y evangélicos aliados con el Frente Nacional por la Familia, el problema de fondo con los homosexuales es un asunto biológico: “el ano es para expulsar, no para recibir”.[10] Es decir, la construcción de la otredad homosexual es androcéntrica, lo que se lamenta es que el “modelo de varón” se esté trastocando en la sociedad actual, y al caer el hombre, cae la familia. En realidad, estos católicos y evangélicos no están pensando en la homosexualidad femenina (excepto cuando ven porno por Internet).[11]

Así como hemos visto en operación la lógica de asociación segmentaria de Evans-Pritchard en este fenómeno, también se encuentra operando una forma de pensamiento analógico. Por más sorprendente que suene, Mary Douglas sí escribió algo más que “Pureza y Peligro”, y poco antes de morir publicó un hermoso libro llamado “El Levítico como literatura” en el cual muestra que, a diferencia del pensamiento lógico-deductivo, el pensamiento analógico entiende al cosmos como una unidad intrínsecamente conectada, en donde una parte afecta al todo en una relación, no causal, sino en cadena de asociaciones.[12]

Entendamos este pensamiento desde la masculinidad cristiana conservadora.


  • Dios es varón, y como decía Mary Daly, de ahí se concluye que el varón es Dios.
  •  Dios ha creado al mundo y ha puesto un orden natural.
  • El orden natural establece leyes que deben seguirse en la organización social.
  • La organización social es sustentada cuando las familias son conforme a las leyes de la naturaleza.
  • La familia es dirigida por un varón que honra su cuerpo y su naturaleza masculina según el “modelo de varón” establecido por Dios.
  • Por lo tanto, el modelo de varón representa a Dios que ha puesto leyes naturales que deben regir la sociedad y determinar la estructura familiar.

Por otro lado: 

El homosexual: 1) penetra a otro hombre o 2) es penetrado por otro hombre. En cualquiera de los casos, representa un menoscabo del “modelo de varón” que “representa al cuerpo perfecto” que “lidera la familia” que “mantiene en orden la sociedad” que “sustenta al mundo” según “el orden natural” que “representa a Dios”.

Así, cual, si fueran fichas de dominó, la homosexualidad comienza una reacción en cadena que amenaza con subvertir la realidad tal cual la conocemos y llevarnos a la destrucción.

Por eso legitimar la homosexualidad, permitirles a los gays casarse y adoptar no puede ser otra cosa que convocar a las fuerzas del Caos a destruir el mundo. La homosexualidad, en esta forma de pensamiento analógico, daña los cuerpos, destruye la familia, descompone la sociedad, trastorna el mundo, invierte la naturaleza y ofende a Dios. Por eso hay quien ha dicho, que los gays son causantes de terremotos y tormentas como parte del Juicio de Dios. Recordemos que, en 2009, muchos evangélicos señalaban que la influenza AH1N1 se debía a que el entonces Distrito Federal había despenalizado el aborto y quería, en ese entonces, promover las sociedades de convivencia entre personas del mismo sexo.

 Fin: Preguntando por el Apocalipsis gay.

Quise estresar este planteamiento con algunos informantes en redes sociales. Durante dos semanas en un grupo de Facebook de estudiantes de teología, identifiqué a 15 hombres y mujeres fundamentalistas abiertamente homofóbicos a quienes les realicé la misma pregunta:

¿Consideras que la aceptación de los homosexuales es parte de las fuerzas demoniacas que quieren transformar las leyes y la naturaleza como preámbulo al surgimiento del Anticristo, que, por supuesto será gay, y desenlazar los eventos del fin del mundo?

Grande fue mi sorpresa, cuando a todas las personas a las que les realicé esta pregunta tras detectar su conservadurismo, perpsectiva milenial y homofobia, respondieron todas lo mismo: ¡NO!.

Ninguno estuvo dispuesto a admitir abiertamente en el Grupo que los gays representan el Fin del Mundo, pese a que se manifestaban constantemente que su conducta era anti-natural, llena de pecado, condenable y causante de males morales y sociales, aunque stalkeando algunas publicaciones de sus muros personales ponían memes que sí apuntaban a tal cosa.

Sin duda el peso de lo politicamente correcto sí pesa aún entre los fundamentalistas que no vinculan de forma pública a los gays con el Apocalipsis, pero también representa las dudas que ellos mismos tienen de su sistema doctrinal.

Como sea, termino lamentándome, ¡ya no hacen apocalipsis como los de antes!, en mis tiempos, las profecías del Fin del Mundo ¡si iban en serio!




[1] Raúl Méndez Yáñez
[2] Citado en Burbano Alarcón, Mauricio, Religión y violencia. Introducción a la filosofía de René Girard. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Filosofía, Bogotá, 2003. [Trabajo de grado para optar por el título de Licenciado en Filosofía].
[3] Yudice, George, “What's a Straight White Man to Do?”, en Constructing Masculinity, Nueva York, Routledge, 1995, pp. 267-283.
[4] “Percepciones de católicos y evangélicos”, en Elio Masferrer (comp.), Sectas o iglesias. Viejos o nuevos movimientos religiosos, Plaza y Valdez, México, pp. 221-226, véase Garma, “Los pentecostales ante las instituciones externas: las otras iglesias”, en Buscando el Espíritu. Pentecostalismo en Iztapalapa y la Ciudad de México, Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, Plaza y Valdez, México, 2004, pp. 246-254.
[5] Evans-Pritchard E., Los Nuer, Anagrama, Barcelona, 1977. .
[6] Idem, pág 121.
[7] Idem, pág 127.
[8] Durkheim, Emilio, Las formas elementales de la vida religiosa, México, Colofón S.A., 2000, pág 115.
[9] Evans-Pritchard, op cit., pág 130.
[10] “El ano según el cardenal Norberto Rivera”, Sin embargo.mx, 1 de agosto de 2016, http://www.sinembargo.mx/01-08-2016/3074174
[11] Olaf Chelsen, Paul, An Examination of Internet Pornography Usagen Among Male Students at Evangelical Christian Colleges, Loyola University Chicago, 2011. http://ecommons.luc.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1149&context=luc_diss
[12] Douglas, Mary, El Levítico como literatura. Una investigación antropológica y literaria de los ritos en el Antiguo Testamento, Barcelona, Gedisa, 2006.

martes, 3 de enero de 2017

Credo Millennial


Creo en Dios despatriarcalizado, 
autor del Universo en evolución, 
una Selfie de sí mismo. 

Y en Jesucristo, una más entre las divinidades 
adoradas en un mundo de plurarlidad religiosa, 
que fue concebido de forma subrogada, 
exhibiendo las desigualdades sociales. 
Nació de María (una adolescente pobre, 
como las Britanys y Kimberlys que nos rodean, 
con dignidad de mujer y mente de líder). 
Padeció bajo el poder de las políticas multiculturales  
tanto de Roma como de Jerusalén;  
tratado como un refugiado sin patria de amparo. 
Fue arrestado, interrogado, torturado, asesinado, 
su cuerpo tuvo que ser identificado, rescatado, 
defendido para sepultura. 
Encaró la muerte, 
descendiendo a ella por la violencia del Estado. 
Al tercer día resucitó de entre los muertos, 
lo que pone en crisis la racionalidad, pero no hace eliminarla, 
ni eliminar la ciencia de los currículos escolares, 
ni cambiar el evolucionismo por delirios creacionistas. 
Ascendió hacia la capa de ozono, 
que pone hoy en crisis al mundo, 
que encara un real calentamiento global. 
Está sentado a la diestra de Dios Padre, Madre, 
Rinoceronte negro occidental, León marino japonés, 
Pájaro Dodo, Tigre de Tazmania y otros tantos extintos;
cerca de Moisés, Abraham, Mahoma y Alá,
al costado de Buda, Shiva y los kamis de la naturaleza, 
jugando con orishas y el Niño Fidencio, 
bailando con María Lionza y Yemayá. 
Desde allí viene diariamente a nuestras conciencias, 
para que reflexionemos sobre lo que le hacemos a vivos, 
antes de que estén muertos. 

Creo en la Ráfaga de Viento Sagrada, Espíritu Santo,
que dota a mujeres, a hombres a 
heterosexuales, homosexuales, transgénero... 
de valor y estrategias organizadas para denunciar 
feminicidios, homofobia, racismo, xenofobia;
para exigir acceso equitativo a la salud y a la información, 
 con discernimiento para reconocer y denunciar noticias falsas, 
porque hacen falta las vacunas y los métodos anticonceptivos.  

Creo en la Red Social, no virtual, no de clics, 
sino la que se fragua en las calles, 
al calor de la protesta cívica, 
del apoyo de unos a otros; 
el esfuerzo por empleos estables, 
la garantía patrimonial, 
la reivindicación de los cuerpos marginados
fuera de los cánones de belleza, 
sin tiempo para correr diariamente, 
ni energía para comer solo vegetales. 
Creo en la vida de viajes y descubrimientos, 
pero también de amor y de familia. 
Amén.

Raúl Méndez Yáñez





jueves, 15 de diciembre de 2016

Del sadomasoquismo en el cristianismo

Les invito a visitar el sitio web de Locademia de Teología, que, amablemente estará publicando una entrega mía relativa a la sacralización de la violencia y la Biblia. 








lunes, 5 de diciembre de 2016

Llamado bonhoefferiao a resistir las drogas

Publicado originalmente en Animal Político 

En 1944, desde la celda de un campo de concentración nazi en Tegel, Alemania, poco antes de ser ejecutado, el pastor luterano Dietrich Bonhoeffer escribía una serie de cartas donde hacía un llamado al pueblo alemán a tomar una postura de “mayoría de edad” con el fin de no volver a permitir otra locura de exterminio. Esta mayoría de edad significa que la gente común y corriente pueda tomar decisiones autónomas sobre su nación, su moralidad, incluso sobre sus creencias religiosas.

“Llegados a la mayoría de edad, hemos de reconocer de forma más verdadera nuestra situación ante Dios. Dios nos hace saber que es preciso que vivamos como seres humanos que llegan a vivir sin Dios (…) ¡El Dios que está con nosotros es el que nos abandona..!” [1]

Dietrich Bonhoeffer (1906-1945)


Durante la época colonial en México, el Tribunal del Santo Oficio procesó a diversos “herejes” por “luteranos”, “mahometanos”, “brujería”, todos ellos europeos.[2] En realidad, este tribunal inquisitorial “no actuaba en delitos religiosos cometidos por indígenas (…) Las autoridades eclesiásticas los veían como “menores de edad”.[3]

Este trato de infantilización hacia los pueblos indígenas caló profundo en la conciencia colectiva de México que nos ha llevado a reconocernos a nosotros mismos como un país “subdesarrollado”, “inferior”, de “agachados”. ¿En que se traduce esto? En que nos consideramos incapaces de tomar responsabilidad sobre nuestros propios actos y aparecen los “Cuatro jinetes del valemadrismo”: La indiferencia, la falta de respeto, la ignorancia autoinducida y el relajo.[4]

Y cuando nos trasladamos a la esfera pública, de ejercicio ciudadano y político, esta perenne minoría de edad de los mexicanos se traduce en un constante “no estar preparado”, que ha servido para solapar la narcocultura y el no intervenir con leyes de legalización ni regularización de ese mercado.

Es sabido: los héroes nacionales de hoy provienen del narco. Corridos, series televisivas, cultos religiosos, nuevos modelos de masculinidad han sido producidos por estos personajes que, a los ojos de un país subsumido en la minoría de edad, ve a estos criminales como los emancipados, los rebeldes, los James Dean de México.

¿Nomás no podemos?


En LEXIA hemos indagado en lo que los mexicanos piensan sobre las drogas y su legalización. Derivado de diversas sesiones de grupo, se puede concluir que para gran parte de la población el tema de las drogas y el narco no puede ser enfrentado por la sociedad, ¡ni siquiera por el gobierno! Se apela a un abrumador laissez faire, ¡dejen hacer!, ¡dejen pasar! A continuación, veremos algunas lexías (verbalizaciones profundas y reveladoras) de distintos perfiles de ciudadanos.

1. Se entiende que nuestro país no está preparado para tomar responsabilidad sobre las drogas, porque de manera innata los mexicanos, cual niños de primera infancia, no sabemos controlarnos.

“No tenemos la cultura de saber controlarnos y saber hasta qué punto llegar”. (Estudiantes universidad privada, 18-24 años, Ciudad de México).

2.
Los mexicanos somos tan inmaduros e influenciables que:
“Lo que pasa es que si yo lo estoy fumando aquí ahorita, a todos los estoy contagiando”. (Maquiladoras, 18-24 años, Tijuana).

3.
Y esto, no porque en sí las drogas tengan ese poder de ser incontrolabes y “contagiarse” en el acto, sino por un asunto muy nuestro, muy mexicano, sencillamente no somos como los “otros” países más desarrollados.

“A la mejor no estamos en el punto óptimo como Estados Unidos o como Europa, porque esa es una realidad, somos un país en desarrollo, no somos un país de Primer Mundo (…) no puedes esperar que lo mismo que pasa allá pase aquí, allá se tiene un control, aquí ¿cómo sabes que hay un control?” (Padres de familia, Tijuana).

4.
Hay una estrecha relación entre el conservadurismo mexicano y esta infantilización de la sociedad que nos lleva a no querer tomar responsabilidades porque no estamos tan desarrollados como otras sociedades, más maduras y responsables, que pueden decidir en política y vida cívica sobre el uso de las drogas. En México no podemos aspirar a tanto.

“Sí, conservador es la palabra, todavía entre todo lo malo que nos sacude (el narco). Pero México es tradicionalista (…) veo a un pueblo que lo están lastimando más por una decisión así (legalización)”. (Padres de familia, Tijuana).

Cuando veas la barba de tu vecino…


La semana pasada escribíamos en esta columna que el triunfo de Donald Trump se relacionaba con la forma en la que la autonomía ciudadana, el reconocimiento de los derechos de grupos marginales y de la diversidad sexual (sin negar que el camino aún le es muy largo) creó un sentido de caos y Trump encarnó la figura de ese hombre en caballo blanco que restaurará el orden poniendo a cada grupo en su lugar.[5] Ya se está viendo, ante la salida del clóset de grupos neonazi y de supremacía blanca, que el mismo Trump está marcando su distancia.

De seguir con este vértigo ante la responsabilidad, en México también corremos el riesgo de retroceder aún más y negar los magros logros cívicos que se han obtenido mientras, por cierto, perpetuamos la admiración a la narcocultura. Solo asumiendo una mayoría de edad ciudadana podremos hacerle frente al tema del nacotráfico, no desde la violencia estatal, sino desde la responsabilidad ciudadana. Estar preparados no es un deseo, es nuestra gran necesidad nacional.



[1] BONHOEFFER, Dietrich, “Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio”, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2008.
[2] BAEZ-CAMARGO, Gonzálo, “Protestantes enjuiciados por la inquisición en Iberoamérica”, Editorial CAJICA, México, 2008. Hay una edición de 1959 por la editorial CUPSA (Casa Unida de Publicaciones).
[3] FERNANDEZ, Íñigo, “Historia de México”, Pearson Educación, México, 2004, Pág. 78.
[4] LARA, Guido. “Los cuatro jinetes del valemadrismo”, Animal Político, 19 de junio de 2013.
[5] MENDEZ, Raúl, ¿Después de la poliarquía viene la dictadura?Animal Político, 17 de noviembre de 2016.

lunes, 21 de noviembre de 2016

La Bella y la Bestia: Versión bíblica

El próximo marzo de 2017 se estrenará, por fin, la tan anunciada versión live action de "La Bella y la Bestia", protagonizada por Emma Watson como Bella y dirigida por Bill Condon. Mientras que Harry Potter, alias Daniel Radcliffe, se ha vuelto prosáico y, por lo que se deduce del corto de su reciente película "Un cadáver para sobrevivir" (Swiss Army Man), bastante "pedorro", Hermionie, alias Emma Watson, se ha vuelto aún más refinada y elegante, y visitará un castillo que alberga una Bestia hipermasculina a la que habrá de domesticar mediante sus dotes intelectuales. 



La historia de "La Bella y la Bestia" se supone que tiene su proto-formación en el relato de Apuleyo "Eros y Psique", desde el cual queda claro que el papel de Bella es el de representar el pensamiento y la cultura. La estructura luego se transformó narrativamente en versiones más modernas, entre las que destacan la de dos mujeres: Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve (1740), y la de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (1765). Disney la llevó al cine de animación en 1991. 

La trama es muy conocida: Un padre viudo queda varado en medio del bosque durante una tormenta o nevada, llega a un castillo encantado donde irrumpe sin permiso para guarecerse. El castillo es habitado por una terrible Bestia, que en otro tiempo era un apuesto príncipe. A cambio de su libertad, la Bestia le dice que deberá entregarle al primer ser que salga a recibirlo cuando llegue a casa. El desventurado hombre acepta suponiendo que quien saldrá a recibirle será su fiel perro, pero ¡oh, desolación!, al llegar a su casa, quien sale a recibirlo es su hija menor, Bella, quien decidida a salvaguarar el honor de su padre, acepta ser moneda de cambio en la promesa patriarcal. 

La trama es susceptible a diversas interpretaciones, desde las que consideran que el relato "fomenta la violencia doméstica" al mostrar a una mujer enamorada de su secuestrador, hasta las que consideran que muestra una forma de empoderamiento femenino por parte de una mujer independiente, inteligente y con cultura que desarma el dominio masculino. 

No obstante ello, ninguna interpretación ni versión occidental de "La Bella y la Bestia" es tan perturbadora ¡como la que se encuentra en las páginas del Antiguo Testamento! Veámosla a continuación. 

La siguiente historia  puede contener escenas sensibles para muchas personas, 
se recomienda discreción.


JUECES 11 (30-40)

30 Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos,

31 cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto.

32 Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en su mano.

33 Y desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas, los derrotó con muy grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel.

34 Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija.

35 Y cuando él la vio, rompió sus vestidos, diciendo: !!Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no podré retractarme.

36 Ella entonces le respondió: Padre mío, si le has dado palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Amón.

37 Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras.

38 El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes.

39 Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.

40 Y se hizo costumbre en Israel, que de año en año fueran las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita, cuatro días en el año.


Así, Jefté entregó a su hija a la Bestia Jehová, quien sin compasión alguna la asesinó. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

¿Después de la poliarquía viene la dictadura?


Publicado originalmente en Animal Político

La poliarquía es un sistema democrático caracterizado por la apertura y debate público para que partes diversas de la sociedad puedan gestionar su reconocimiento político.[1] Estados Unidos había logrado que minorías raciales, étnicas y sexuales pudieran participar activamente de la vida pública. Pero, al mismo tiempo, esta emergencia de grupos antes discriminados, provocó temor, en particular a hombres blancos de la clase trabajadora, habitantes de las provincias (hinterlands), quienes fueron los principales votantes de Trump.[2]

¿Por qué cuando se estaban dando pasos hacia el incremento generalizado de libertades civiles, Estados Unidos decidió retroceder?

Al llegar a niveles altos de poliarquía pareciera qu la sociedad llega a la cima de una montaña y siente vértigo al reparar en que debe hacerse responsable de sus propias acciones y busca quién le quite las riendas al pueblo y las tome él mismo. “Un líder fuerte en un caballo blanco”,[3] masculino, poderoso, un Trump.



¡Trump representa orden! En contra del caos que significa la pluralidad. La antropóloga Mary Douglas exploró por muchos años la necesidad de orden que tienen las sociedades humanas, pues cuando las cosas salen de su compartimiento asignado, como mujeres en el poder en lugar de casa, homosexuales en el espacio público en lugar de clóset, musulmanas con sus atuendos por las calles en lugar de sus, ya de por sí extrañas mezquitas, entonces sobreviene un sentido de riesgo latente.[4] ¡Trump nos salvará de ese peligro de tener todo hecho un caos!, y al posicionar de nuevo la figura del hombre blanco anglosajón heterosexual en el poder máximo del país, nos devolverá la grandeza de América otra vez.

Hay que tomar nota de este fenómeno también para nuestro país. Pues acá también nos ha dado miedo avanzar hacia la equidad, la inclusión y la apertura. El presidente Peña Nieto elevó a la estructura política a un nivel vertiginoso con la iniciativa de Matrimonio Igualitario, y el 9 de noviembre, al día siguiente del Triunfo de Trump, los diputados, incluyendo a los príístas, la echaron para atrás para poder tomar un poco de aire.[5]



[1] Robert Dahl, La poliarquía. Participación y oposición, Tecnós, Madrid, 1989,
[2] The Guardian, 9 de noviembre, 2016 https://www.theguardian.com/us-news/2016/nov/09/white-voters-victory-donald-trump-exit-polls; En Pasadena fue notorio su triunfo en las provineicas, y eso fue una tendencia general en la elección: York Daily Record, 10 de noviembre, 2016 http://www.ydr.com/story/news/politics/2016/11/09/trump-owes-victory-hinterlands-pa/93557616/
[3] Así lo dijera en 1990 Michael Kinsely en Time Magazine en un artículo titulado “Is Democracy Loosing its Romance?”
[4] Mary Douglas y Aaron Wildavski, Culture and Risk. An Essay on the Selection of Technological and Environmental Dangers, Universidad de California Press, 1983.